Seguro que a nadie le sorprende si afirmamos que
la tradición en la elaboración y degustación de los vinosse
remonta a varios miles de años atrás, existiendo restos arqueológicos,
pictóricos y referencias bibliográficas de que ya nuestros antepasados conocían
y disfrutaban el resultado de fermentar el fruto de la viña, habiendo
sobrevivido todas esas tradiciones hasta nuestros días. Radicado en el área
Mediterránea, zona autóctona del arbusto de la vid a partir de la cual se fue extendiendo
a otros territorios que poseían una climatología y terreno similar, el origen
de la producción del vino tuvo lugar en la región del Cáucaso, lo que
actualmente sería Turquía y Georgia, aunque tampoco existe una referencia clara
con la que poder afirmar una zona geográfica concreta como punto de partida
para el cultivo de la vid con el objetivo de fermentarla y producir vino.
Aunque existen restos
arqueológicos con pruebas del cultivo de la vid así como restos químicos de su
fermentación, la historia de los vinos no ofrece claras referencias a
esta tradición hasta la época de los egipcios, donde se han encontrado
grabados en tumbas de faraones que ejemplifican el pisado de la uva como primer
paso en la obtención de vino. Y fruto de la tradición comerciante de este
pueblo, así como de otros coetáneos de la región Mediterránea, como los
Fenicios, el vino y su producción se extiende por otras civilizaciones
donde conseguirá enraizar hasta los niveles más profundos, formando parte de la
cultura, costumbres y tradiciones de todos aquellos pueblos. Griegos, Romanos,
Visigodos… Tras la caída de estos grandes imperios la producción de vino acabó
recalando en las manos de monjes y abades cristianos que, al abrigo de los
monasterios y de sus tierras anexas a cada uno de ellos, mantuvieron el
cultivo de la vid con fines vinícolas, forjándose las primeras
denominaciones de origen y resguardando el legado cultural de la producción de
vinos en las bodegas de este tipo de edificaciones religiosas.
A partir del siglo XVII en adelante, ya
considerada como una época moderna en lo que a producción, conservación y
transporte de vino se refiere, es cuando surgen los cambios y revoluciones que
dotarán a este producto de su sabor y detalles característicos. La utilización
de botellas de vidrio alargadas y protegidas en su obertura por un tapón de
corcho que ayudará a la conservación del contenido aparte de darle el
aroma y sabor que le representa. También el empleo mayoritario del dióxido de
sulfuro en las barricas como conservante alargando la vida los vinos o la
creación de zonas vitivinícolas de denominación protegida, lo que dará total
garantía de la calidad, sabor y cuerpo del vino que actualmente consumimos.
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