miércoles, 16 de enero de 2013

La historia del vino

Seguro que a nadie le sorprende si afirmamos que la tradición en la elaboración y degustación de los vinosse remonta a varios miles de años atrás, existiendo restos arqueológicos, pictóricos y referencias bibliográficas de que ya nuestros antepasados conocían y disfrutaban el resultado de fermentar el fruto de la viña, habiendo sobrevivido todas esas tradiciones hasta nuestros días. Radicado en el área Mediterránea, zona autóctona del arbusto de la vid a partir de la cual se fue extendiendo a otros territorios que poseían una climatología y terreno similar, el origen de la producción del vino tuvo lugar en la región del Cáucaso, lo que actualmente sería Turquía y Georgia, aunque tampoco existe una referencia clara con la que poder afirmar una zona geográfica concreta como punto de partida para el cultivo de la vid con el objetivo de fermentarla y producir vino.
Aunque existen restos arqueológicos con pruebas del cultivo de la vid así como restos químicos de su fermentación, la historia de los vinos no ofrece claras referencias a esta tradición hasta la época de los egipcios, donde se han encontrado grabados en tumbas de faraones que ejemplifican el pisado de la uva como primer paso en la obtención de vino. Y fruto de la tradición comerciante de este pueblo, así como de otros coetáneos de la región Mediterránea, como los Fenicios, el vino y su producción se extiende por otras civilizaciones donde conseguirá enraizar hasta los niveles más profundos, formando parte de la cultura, costumbres y tradiciones de todos aquellos pueblos. Griegos, Romanos, Visigodos… Tras la caída de estos grandes imperios la producción de vino acabó recalando en las manos de monjes y abades cristianos que, al abrigo de los monasterios y de sus tierras anexas a cada uno de ellos, mantuvieron el cultivo de la vid con fines vinícolas, forjándose las primeras denominaciones de origen y resguardando el legado cultural de la producción de vinos en las bodegas de este tipo de edificaciones religiosas.

A partir del siglo XVII en adelante, ya considerada como una época moderna en lo que a producción, conservación y transporte de vino se refiere, es cuando surgen los cambios y revoluciones que dotarán a este producto de su sabor y detalles característicos. La utilización de botellas de vidrio alargadas y protegidas en su obertura por un tapón de corcho que ayudará a la conservación del contenido aparte de darle el aroma y sabor que le representa. También el empleo mayoritario del dióxido de sulfuro en las barricas como conservante alargando la vida los vinos o la creación de zonas vitivinícolas de denominación protegida, lo que dará total garantía de la calidad, sabor y cuerpo del vino que actualmente consumimos.






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